13/12/14

Lana de vidrio y palomitas de maíz

A mediados del s. XIX muchos norteamericanos (sobre todo lo que luego sería el "Norte" en la Guerra de Secesión) veían la celebración de la Navidad como algo inapropiado; la tradición puritana de Nueva Inglaterra (el "Mayflower" y tal) tenía como mucho más adecuadas fiestas como el Thanksgiving Day. Sin embargo, en el Sur celebrar la Navidad era importante.

El Gobierno Federal no instituyó la Navidad como celebración "oficial" hasta varios años después de la Guerra, pero los primeros Estados en oficializar la fiesta habían sido los sureños Alabama en 1836, y Louisiana y Arkansas en 1838.

Dos elementos contribuyeron decisivamente al cambio de actitud favorable hacia la Navidad (su celebración festiva y popular). De una parte, el influyente libro de Charles Dickens "Cuento de Navidad" (1843) y su visión "victoriana" de la fiesta, que combinaba elementos religiosos y seculares: amabilidad, caridad, generosidad, reuniones familiares... visión que fue pronto popularmente aceptada.

Por ejemplo, la costumbre de la entrega de regalos (evidentemente previa comercialización) se amoldó muy bien al carácter práctico de los norteamericanos; también el centro de gravedad de las celebraciones pasó a encontrarse más en el hogar familiar y algo menos en las celebraciones comunitarias de las iglesias de tradición puritana.

El otro elemento fue la Guerra de Secesión, como iré contando estos días.

"Confederate Christmas, ilustración de Mort Kunstler

Hombres del 86º de Infantería, 1945
El símbolo por excelencia entre las familias americanas en Navidad, el árbol de idem, se popularizó durante la Guerra de Secesión. Los emigrantes alemanes llegados tras las revoluciones de 1848 introdujeron este ritual. Aunque los alemanes de la época ponían un árbol en miniatura sobre una mesa decorada con ornamentos caseros, dulces y velas, los estadounidenses variaron la costumbre poniendo un árbol de tamaño completo en sus salas de estar.

También los ilustradores de los semanarios nacionales ayudaron a popularizar la práctica. Las decoraciones en su mayoría estaban hechas en casa: frutos secos, palomitas de maíz, piñas, papeles de colores, papel de plata, lana de vidrio… y regalos como juguetes tallados, pasteles o frutas. Hay historias sobre la introducción en el mundo anglosajón del árbol de Navidad a mediados de 1800 por el príncipe Alberto (el del Royal Albert Hall), consorte alemán de la Reina Victoria, aunque parece raro que, habiendo reinado tanto tiempo en Inglaterra la dinastía (alemana) Hannover, tuviera que ser este chico el introductor de la costumbre en el Reino Unido.

También el árbol de Navidad se abrió camino en los campamentos militares. Alfred Bellard, del 5º de New Jersey, escribía en una carta desde su tienda a orillas del Potomac: "Con el fin de hacer que parezca tan Navidad como sea posible, hemos trabado un pequeño árbol ante nuestra tienda, cubierto con tachuela dura y carne de cerdo, en lugar de pasteles y naranjas”.

El problema no es confundir la carne de cerdo con las naranjas, sino la lana de vidrio con las palomitas de maíz, que cuando pasa eso resulta muy desagradable.

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